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lunes, 7 de octubre de 2013

25 de diciembre: ¡Jesús abandonó los salones del Cielo por amor a nosotros!

¡Renunció a Su ciudadanía celestial, y siendo rico, se hizo pobre por amor a nosotros, para que a través de Su pobreza nosotros fuésemos enriquecidos! Jesús no sólo tuvo que bajar a mezclarse con nosotros, ¡sino que tuvo que ser uno de nosotros! Tuvo que incorporarse a la sociedad humana.
             Vino como una criatura mansa y apacible, débil e indefensa. No solamente se adaptó a nuestra forma corporal, sino que además se hizo a los modos de vida humana. El era humano. Se cansaba, le daba hambre, se fatigaba. ¡Todas esas cosas le afectaban igual que a nosotros, pero sin que cometiera pecado alguno, para que pudiera ser un buen Sumo Sacerdote, compadecerse de nosotros, saber cómo nos sentimos, comprender cuando tenemos los pies doloridos y estamos agotados... ¡saber cuándo ya no aguantamos más! Dios envió a Jesús para que se convirtiese en ser humano y pudiera así transmitirnos mejor Su amor, comunicarse con nosotros en el plano inferior de nuestro entendimiento humano, ¡y tener más misericordia y paciencia con nosotros que el propio Dios! ¡Imagínate!
             "¡El conoce nuestra condición y se acuerda de que somos polvo!" (Sal.103:14), ¡porque El mismo se puso en esa condición, la sufrío y murió en ella por amor a nosotros! ¡Bajó y se puso a nuestra altura para poder llevarnos con El y elevarnos a la Suya! ¡Qué milagro, todo por amor a nosotros!



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